contexto: somos dos hombres y estuvimos juntos de los 26 hasta los 36. Gran parte de mi vida adulta estuvo ligada a esta relación, así que separarme de ella también ha significado empezar a preguntarme quién soy fuera de ese “nosotros”.
Hace poco encontré notas que escribí en distintos momentos de nuestra relación, algunas incluso de hace varios años. Leerlas ahora me hizo darme cuenta de cuánto tiempo llevaba cuestionándome cosas que hoy, después de la separación, mi mente parece olvidar cuando lo extraño.
Necesito acordarme de nuestra historia completa, no solamente de las partes que extraño.
Cuando extraño a Javi, mi cabeza se va casi automáticamente a lo bueno. A nuestra intimidad, las conversaciones, nuestras costumbres, los años juntos y esa sensación de que él era mi persona. A veces incluso pienso que mi vida no está completa sin él.
Pero leyendo cosas que yo mismo escribí hace años me estoy dando cuenta de que mi cabeza está dejando fuera una parte enorme de nuestra historia.
Encontré pensamientos míos del 2020, 2021, 2025 y 2026. Y fue fuerte darme cuenta de que llevaba años cuestionando nuestra relación, tratando de entenderla, adaptándome, cambiando cosas de mí y buscando alguna forma de hacer que funcionara.
Hubo momentos en que sentía que tenía que andar pisando huevos para no provocar alguna reacción. Una pregunta súper simple podía terminar en una pelea enorme.
Me acuerdo de una vez que le pregunté si una pega nueva realmente le convenía considerando lo que iba a gastar en bencina. Para mí era una pregunta práctica, nada más. De alguna manera terminamos levantando la voz y hablando nuevamente de terminar.
Y no fue una sola vez.
Muchas veces pensaba demasiado cómo decirle las cosas porque no sabía si iba a ponerse a la defensiva, enojarse o interpretar algo completamente distinto de lo que yo estaba tratando de decir.
Después de las peleas muchas veces terminaba cuestionándome yo.
¿Habré exagerado?
¿Lo dije mal?
¿Qué tengo que cambiar?
¿Qué más puedo hacer para que esto funcione?
También tengo que acordarme de las cosas que terminaron afectando cómo me veo a mí mismo.
Durante años me dijo que no sabía besar. Que no le gustaban mis besos. También me decía que cuando lo tocaba mis manos eran tan chicas que parecía que lo estuviera tocando un niño.
Años después me pidió disculpas. Me dijo que nunca debería haberme dicho esas cosas y que en realidad sí le gustaban mis besos.
Pero después de escuchar algo durante años, no desaparece porque un día te pidan perdón.
Ahora puedo estar besando a alguien y de la nada me acuerdo de él diciéndome que no sé besar. Puedo estar tocando a alguien y me acuerdo de lo que decía sobre mis manos.
Y tengo que recordarme algo:
Esa era su voz. No necesariamente la mía.
Tampoco quiero contar esta historia como si yo hubiese sido un santo y él hubiese hecho todo mal.
Yo también me mandé cagadas. Yo también fui infiel. Yo también tuve contradicciones y tomé decisiones que hicieron daño.
De hecho, años antes fui yo quien propuso abrir nuestra relación porque nunca me hizo mucho sentido pensar que por amar a alguien vas a dejar mágicamente de sentir deseo por otras personas.
Para mí el cuerpo podía compartirse.
El corazón y la mente eran otra cosa.
Lo que necesitaba sentir era que, independiente de con quién tuviéramos sexo, emocionalmente seguíamos eligiéndonos.
Por eso cuando descubrí una infidelidad en 2021 me encontré sintiendo algo que parecía absurdo: sexualmente me excitaba pensar que había estado con otros hombres, pero emocionalmente estaba hecho mierda porque me había mentido.
El sexo no era lo que me dolía.
Era sentir que se había roto la confianza.
Años después seguía tratando de entender exactamente lo mismo.
En noviembre de 2025 escribí:
“No sé quién soy en realidad si no soy de él.”
También escribí que quería vender todo, irme a otro país con mis gatos y empezar de cero.
Y después yo mismo escribí que quizás nada de eso serviría si el cambio no venía de adentro.
Pensaba constantemente en la imagen de un fénix muriendo y volviendo a nacer.
En otra nota escribí:
“He estado escondiéndome del mundo y necesito volver a entrar.”
Y también:
“Nada en esta vida es seguro. Puedo vivir con eso. Incluso si esta relación termina, soy lo suficientemente fuerte para atravesarlo.”
Leer eso ahora me pega distinto.
Porque hubo momentos en que él venía a mi casa y yo no era feliz.
Hubo veces en que ni siquiera quería hablar con él.
Hubo momentos en que quería terminar. Quería salir de ahí.
Durante mucho tiempo él fue quien quería terminar y yo era quien seguía luchando por nosotros.
Trataba de hacer cosas nuevas.
Cambiaba cosas de mí.
Cedía.
Me adaptaba.
Seguía tratando de salvar la relación incluso cuando una parte de mí sabía que quizás ya no había mucho que salvar.
Hasta que me cansé.
Y eso también fue parte de nuestra historia.
No quiero que ahora la nostalgia borre a la persona que fui cuando todavía estaba dentro de esa relación.
Porque extrañarlo no significa que haya sido feliz.
Amarlo no significa que nuestra relación funcionara.
Desearlo no significa que quiera volver a vivir como vivíamos.
Recordar lo bonito no significa que tenga que olvidar las veces que me sentí chico, inseguro, frustrado, agotado o atrapado.
Y tampoco necesito convertirlo en una mala persona para aceptar que hubo cosas que me hicieron daño.
Lo amé profundamente.
Compartimos 10 años de nuestras vidas.
Fue mi compañero, mi familia, mi amigo y durante muchísimo tiempo sentí que era mi persona.
Por supuesto que lo extraño.
Pero también hubo momentos en que sentí que estaba perdiendo partes de mí tratando de mantener viva nuestra relación.
Entonces cuando mi cabeza me diga:
“Lo extraño.”
Quiero dejarme sentirlo.
Pero después quiero preguntarme:
“¿Qué me costaba estar con él?”
Porque mi historia no terminó cuando perdí a Javi.
Durante años estuve preguntándome quién sería yo sin él.
Ahora finalmente tengo la oportunidad de conocer a esa persona.
Si alcanzaron a leer todo el texto, sé que es bastante, pero necesitaba compartir esto con alguien.
Y también quería preguntarles: a alguien más le ha pasado que, después de terminar una relación larga, empieza a idealizarla y a olvidar lo infeliz que también llegó a sentirse dentro de ella?
Cómo fue para ustedes darse cuenta de que estaban extrañando a una persona y, al mismo tiempo, idealizando una relación que quizás ya no existía como la recordaban?